ATRAPADO POR LOS LIBROS

 

 

Hay situaciones que sólo se explican por una serie de carambolas. En esta historia intervienen el paro, el humo, la invitación de un amigo y los libros. Pero vamos por partes.

 

 

 

Para que Manuel Moreira Lema (Canduas, Cabana de Bergantiños, 1944) aparezca en esta galería de ‘abelleiros’ tuvo que ocurrir aquella tremenda regulación de empleo de 1982 en el sector naval que hubo en la zona de Ferrol. No, a él no le pilló eso, porque ni vivía en Ferrol ni trabajaba en ningún astillero, sino que estaba en Cabana, en el arrabal de Frexufre donde nació y donde vivía dedicado al campo, que es a lo que se dedicaron sus padres, abuelos y bisabuelos. Pero aquel paro sí que afectó a un cuñado suyo que tuvo que dejar ASTANO, y para salir adelante puso en la comarca de ‘ferrolterra’ un invernadero donde empezó a cultivar flores. Y Manuel vio la forma de abandonar el absorbente trabajo en el campo, y desde entonces se dedica a los viveros y a la tienda de flores que montó en Cabana de Bergantiños.

 

 

 

¿Qué sabía Manuel de las abejas? Nada. Sin embargo recordaba, de sus años de crío, que en la leira de su familia de vez en cuando, con el humo que salía de una pala donde se requemaba un montón de paja lograban ahuyentar a las abejas para acceder a los panales. Pues la curiosidad natural, el recordado humo de su infancia y los amigos fueron otras circunstancias para que Manuel acabase siendo uno de los ‘abelleiros’ más veteranos a las reuniones que convoca Xosé Lois Pintor. Fue hacia 1986 cuando vino por primera vez, invitado por Víctor Andrade, fontanero aficionado a las abejas, que le habló de las charlas en ‘Fonteboa’, institución que no le sonaba de nada.

 

 

 

Pero lo determinante en la dedicación de Manuel a las abejas, mucho más que los consejos de los amigos, fueron los libros de apicultura, tanto los que le llegaban de Benigno Ledo como los que él y su mujer adquirían en las librerías; esos libros tuvieron un papel definitivo en su afición. –Si pongo que tú llegaste a las abejas atrapado por los libros ¿miento?, le pregunté al entrevistarle. –No mientes, es la pura verdad, me dijo. Pues ahí queda incluso en el titular de esta biografía.

 

 

 
¿Habrá continuidad con el tema de las abejas en la familia Moreira? Difícil va a ser, porque la chica mayor, que estudia en Lugo, se inclina más por la Topografía, y el chaval, Francisco, resulta que es alérgico a la picadura de las abejas. Hablando de picaduras, cuenta Manuel que hacia 1987 una vez fue a las colmenas con un jersey tejido a mano, muy peludo, y el enjambre se abalanzó a él y al quedar liadas por los pelillos de la lana se cebaron con él que tuvo que salir por piernas porque se lo comían vivo. El hecho de que nos lo pueda contar es señal de que todo acabó bien. J.M.E.

 

 

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