españoles. Los insectos adquieren el parásito al beber, al captar polen o en la propia colmena al estar en contacto con saliva contagiada. Entre las señales que alertan del problema está el descenso en la producción de la colmena.

 

Información de Elena Sánchez Laso publicada el 10 de junio en el diario ‘La Opinión’


Las abejas melíferas se mueren y hasta hace poco nadie sabía el porqué. A hora un grupo de investigadores españoles le ha puesto cara y nombre a uno de los parásitos que las atacan, se llama Nosema ceranae, un hongo que infecta a estos insectos por vía digestiva creando un proceso de enfermedad crónica que en dos años las sentencia a muerte.


Es el llamado Síndrome Despoblamiento de Colmenas, un fenómeno que en 2010 y sólo en España, eliminó al 50% de las colmenas, aunque en palabras de Luis Sanz, director del Centro Apícola Regional en Marchamalo (Guadalajara), "lo mejor no es hablar de síndrome sino de enfermedad".


El parásito ‘Nosema ceranae’, procedente de Asia, provoca una enfermedad crónica, en la que la abeja se contagia en los puntos donde bebe, recolecta el néctar o incluso en la propia colmena donde existen restos de heces. Aunque es importante, advierte el investigador, no olvidar otro foco de contagio: las bolas de polen, alimento proteico de las abejas elaboradas con saliva contagiada con esporas de dicho parásito.


En la fase inicial del contagio, explica Sanz, el parásito alcanza el aparato digestivo de las abejas, este deja de funcionar y la abeja no come, se debilita y por último muere. Las abejas que salen a recolectar polen son las más parasitadas -están más en contacto con el parásito-, realizan el trabajo más extenuante, producen menos miel y perecen en el campo, de ahí que el apicultor no perciba la muerte de sus abejas hasta que ya es demasiado tarde.


Aún así insiste el científico, la aparición de la enfermedad no significa que la colmena vaya a morir, primero baja la capacidad productiva de la colmena antes de que se dé el colapso definitivo de la colonia.


La media nacional de producción de miel por colmena y año es de 15 kilos, aunque puede variar entre 20 y 40 kilos dependiendo de la zona y las condiciones ambientales, por eso es importante controlar que la cantidad de miel no desciende.
No se trata de anunciar datos "apocalípticos" sino saber "cuándo" las abejas superarán esta enfermedad ya que las consecuencias podrían ser catastróficas.

Insectos clave en la naturaleza

De las abejas depende gran parte de la cadena alimentaria y por ello, cuando comenzaron a desaparecer sin motivo aparente, saltaron las alarmas. Este insecto es una fuente de polinización tanto para los cultivos como para la naturaleza, si esto no ocurriera el rendimiento de la agricultura bajaría poniendo en peligro especies de plantas en las que el único medio de polinización son las abejas. Prueba de ello es que el 85% de las plantas europeas dependen de esta especie para reproducirse.


La comunidad gallega no es ajena al problema del despoblamiento de las colmenas. Los apicultores de Galicia aseguraban hace dos años que, en algunas zonas, la desaparición de estos insectos afectaba a ocho de cada diez colmenas y sostenían que la producción de miel había caído a la mitad respecto a la década de los noventa.


Durante los años que duró esta misteriosa muerte de las abejas –ahora resulta con la investigación de un grupo de científicos españoles-, los productores consideraban que la acción de los neurotóxicos –unas potentes sustancias presentes en algunos tipos de pesticidas- estaban detrás de estos fallecimientos masivos.


Los apicultores responsabilizaban en 2009 a estos productos químicos, que las abejas absorben a través del polen que capturan de las flores, ya que les podrían provocar una pérdida de orientación que les impide regresar a las colmenas y finalmente, perdidas, fallecerían. Una de las razones que llevó a creer que los productos químicos estaban detrás de estas muertes que los territorios más afectados por la pérdida de abejas eran las zonas donde se practicaban la horticultura y fruticultura.
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